Otra aproximación a la manera en que una biblioteca le da valor a sus usuarios

November 24, 2018

¿Qué tiene que hacer un taller de marketing en una biblioteca pública? A no pocas personas acostumbradas a una visión humanista clásica de las bibliotecas puede parecerles extraño que en un recinto cultural se promueva una actividad aparentemente venal  que promueve el consumo. Tal vez no pocos se sorprenderían al constatar que la escritura tuvo su origen en las listas para el registro del comercio, como explica el novelista David Markson.

 

Pienso en esto mientras acudo al taller teórico-práctico "MKT para emprendedores o microempresarios", que imparte de forma voluntaria Brayan, un trabajador de Servicios educativos de la biblioteca. En la sala 6 del Piso 7 se han reunido 14 personas (siete hombres y siete mujeres) de distintas edades (la más joven tiene 23 años y el mayor, 60) que desean mejorar la forma en que ofertan sus productos y servicios.

 

Algunos tienen un negocio propio (son pequeños empresarios), otros comerciantes o brindan servicios de forma personal. Son usuarios a los que les gusta emprender: una joven abrirá un spa, una señora es dueña de una pollería, hay varios vendedores desde galletas caseras, paletas, ropa, productos para mascotas y de equipos de cómputo (laptop, tablet, smartphones) o tapas de registro. Diversos oficios: una chica que forma parte de un colectivo de artes escénicas y da clases de danza, otra da asesorías de regularización escolar; un señor da servicio a hoteles.

 

Reconozco entre los asistentes a Nallely. Ella está a punto de cumplir 31 años y a lo largo de una década ha utilizado la Vasconcelos para muchas cosas distintas: comenzó a venir cuando era estudiante de letras francesas porque la BV era un punto medio entre la UNAM y su casa, y al terminar, cuando estudió la licenciatura y la maestría en antropología, entre la ENAH y su casa.

 

Mientras escribía su segunda tesis de antropología en la biblioteca revisaba libros sobre el embarazo de su único hijo. El pequeño ahora tiene 4 años y a veces vienen a leer juntos o a jugar y correr en los jardines. También acuden a escuchar cuentos, al Día del niño; a conciertos, charlas, talleres, y a sacar libros para llevar a casa, escribir, tejer, leer…  Ella de pronto viene a hacer las cuentas de la administración del colectivo en que participa o a utilizar la computadora.

 

Nayelly, igual que muchas personas que asisten a la Vasconcelos, entrelaza sus intereses (profesionales, sociales y personales) a la manera que se traman los textiles de diseño que oferta a unos metros de la biblioteca.

 

 Los participantes analizaron, establecieron objetivos, decidieron los canales y la forma de su estrategia de maketing. BV 2018.

-Nayeli: Vi el taller de marketing justamente porque vengo seguido a la biblioteca desde hace 10 años. Es mi lugar para estudiar y trabajar desde las licenciaturas y la maestría. Me interesó justamente porque soy antropóloga y no sé nada de marketing, pero tengo la necesidad de usarlo para comunicar las actividades del colectivo en el que trabajo en las redes sociales, que son una muy buena opción para poder llegar a nuestro público.

-BV: ¿De qué es el colectivo?

 

-Nayeli: Mi hermana y yo fundamos desde hace un año un colectivo llamado Productores Mexicanos y lo tenemos funcionando con 10 marcas independientes; todas ellas tienen una propuesta diferente de joyería, ilustración, encuadernación, tejido y bordado de bolsas con procesos y telas artesanales.

 

-BV: ¿Por qué deciden crear este colectivo?

 

-Nayeli: El colectivo nació hace un año después del sismo del 19 de septiembre. Roma-Condesa es una de las casas de diseño independiente que colapsa. Yo tejo y bordo y me gusta mucho esta interacción con la gente, los pasajes de diseño, entonces al ver esta dinámica de interacción y al ver que colapsa Roma-Condesa unos compañeros y yo decidimos aventurarnos y buscar un punto para distribuir nuestras piezas y aprovechar una fecha de alta demanda como la víspera decembrina. Entonces buscamos un lugar y nos alojamos en hall de Buenavista, el centro comercial vecino a la Vasconcelos; lo rentamos entre varias marcas.

 

Ahora tenemos la inquietud de llegar a más personas, de hacer que el proyecto crezca y que tenga frescura, y por eso necesitamos mejorar la difusión y también el alcance físico en torno a todo nuestro público.

 Ahora tenemos la inquietud de llegar a más personas, de hacer que el proyecto crezca y que tenga frescura, y por eso necesitamos mejorar la difusión y también el alcance físico en torno a todo nuestro público.

Sonríe, ojos rasgados y labios que no moderan un gran gusto cada vez que explica que se trata de un proyecto comercial autogestivo, vigorosamente personal (intelectual y profesionalmente) y que agrupa y experimenta con lo familiar, con lo fraterno, lo solidario, lo social e incluso, la post-catástrofe.

 

-Nayeli: Anteriormente hice una tesis justamente de grupos primitivos que consistían en hacer una red sólida de personas: no más de 11 y no menos de 3 para que puedan llegar a un fin, y ese fondo común es en un principio que en nuestro caso sirve para comercializar nuestros productos y comenzar a reencontrar nuestra guía de trabajo. Entonces con el colectivo hemos solidificado esto y nos ha ido relativamente bien. Ahora ya podemos decir que nos está yendo bien, pero necesitamos más canales de difusión, más afluencia, necesitamos más clientes y que igual sepan lo que estamos haciendo en forma de colectivo, en forma de grupo, y que estamos trabajando juntos ¿no?

 

 

Si el colectivo en el que participa Nayelli retorna conceptos de grupos primitivos ¿qué relecturas de modelos antiguos pueden ayudarnos a reformular nuestros modelos actuales? ¿la biblioteca pública tiene un papel activo en este paradigma de producción-consumo? ¿es necesario que lo tenga? ¿cuál es la relevancia de un espacio como el nuestro en el intercambio comercial y/o creativo? ¿no todo en biblioteca es consulta, sino qué hacemos realmente con lo consultado?

 

-Nayeli: Digamos que esa palabra, comercio, ahorita podría ser intercambio. Intercambio justamente de cosas primordiales para vivir o para sobrevivir en un principio ¿no? Ahorita el intercambio dentro de nuestro grupo es eso, es el apoyo entre todos para pagar la renta de un lugar, el apoyo entre todos para sacar el proyecto a flote ¿no? y justamente este tipo de comercio agrupado es el que nos está llevando a poder solidificar proyectos y a entender el comercio, no satanizarlo, simplemente entenderlo como una vía para poder llegar a fines más concretos como a la unión de grupos, a la conciencia del trabajo en equipo, a la conciencia de erradicar la envidia y erradicar esta noción de yo primero, luego yo y al final yo. Se trata de tener entre todos la conciencia de que podemos trabajar juntos a partir de una tragedia y a partir de una tragedia vivida de distinta forma por distintas personas.

 

Entonces justamente esta teoría de los grupos primitivos lo que hace es que a partir de cosas elementales, como justamente la sobrevivencia, se crean lazos en los que uno sabe cuál es el lugar de cada quien. Por ejemplo, en el colectivo mi hermana y yo tenemos el compromiso de vender, de organizar, de agrupar y de dar resultados; los diseñadores tienen el compromiso de producir y de difundir su marca dentro del lugar; de ayudar y tener conciencia de que al dar un pedazo de renta están apoyando a nueve marcas más y a dos organizadoras.

 

Se llaman primitivos porque son grupos chiquititos, muy reducido,  previos a los sistemas sociales: los grupos no pueden ser más de 11 personas porque ya después empieza a ser una pirámide y entonces ya no es primitivo y se necesitarían otros canales de control y de la posición de cada quien dentro de los grupos, entonces ya se vuelve otro tipo de grupo.

 

 

Nayelli ejemplifica la forma en que la biblioteca pública puede insertarse en una red de intercambios que a primera vista no parecen lucrativos, pero cuyos beneficios tangibles e intangibles no pasan desapercibidos y pueden ser aplicados para quien tiene el valor de unir teoría y práctica:  

 

-Nayeli: Pues creo que justamente en la biblioteca trabajamos en ese vínculo, en crear redes entre nosotros y retroalimentarnos. Como que el paso del tiempo nos dio esa madurez, por lo menos en nuestra biblioteca, para poder hacer. Por lo que yo he visto ya hay más talleres y ya hay más esta conciencia de retribución también hacia la biblioteca y hacia a uno mismo como usuario ¿No?

 

-BV: ¿Me puedes platicar un poco más sobre tu tesis?

 

-Nayeli: Es una tesis antropológica sobre los grupos primitivos, es de una teoría antropológica. Yo soy enóloga, entonces el estructuralismo me ayuda a plantear esta idea de grupos primitivos y cómo cada cosa de lenguaje y la comunicación nos ayuda a organizar y determinar cuál es el lugar y cuál es la función de cada persona en el grupo.

 

Escritura cuneiforme de tablillas encontradas en Ebla (ca. 2400-2300 a.C.), Fuente: Museo Idlib.       

 

 

En este punto quizá valga la pena recordar que en su origen histórico (entre el 2400 y el 2250 a. C.) la biblioteca era el lugar en el que se guardaba el registro de los bienes, pues ahí se resguardaban las tablillas con las operaciones mercantiles de toda una ciudad (qué mercancías entraban, qué transacciones se realizaban, quién adeudaba a quién). Posteriormente, para el siglo III y IV de nuestra era las bibliotecas se convirtieron en espacios de reunión e intercambio de ideas y nuevos descubrimientos, es decir, en espacios donde se socializaba y colectivizaba el conocimiento (que no era porque sí, sino que la información se utilizaba de forma práctica para el servicio de unos y otros).

 

Sin embargo, hoy en día parece nos parece extraña la idea de que se “produce valor” en la biblioteca, o bien, que es un lugar en el que no se producen bienes intercambiables o de utilidad comercial.  En el caso de Nayelli, su visión como etnóloga le posibilita retomar para ser productiva y como usuaria acude a la biblioteca al taller de marketing para potenciar esa producción.

 

-Nayeli: Todos me dicen ¿qué hace una antropóloga vendiendo? y justamente te das cuenta que tu posición de ser humano te lo permite, pero también tu posición de profesionista va más allá a veces de lo que tú contemplas en un trabajo. Yo tengo muy clara esa visión de que somos un grupo, somos un equipo y vamos avanzando todos. A mí justamente practicar el comercio, vender de 6 de la tarde a 9 de la noche me permite interactuar con otras personas, me permite entender el valor del conocimiento o qué valor en otro tipo de cosas necesito para hacer que el grupo en el que estamos siga caminando. Entonces justamente el estar en contacto por ejemplo con la biblioteca, con entidades todavía familiares para mí, es muy bueno porque como dices, hay que encontrar a la biblioteca como fuente de valor.

 

Por ejemplo los sábados es mucha afluencia en Fórum porque muchos vienen a la biblioteca, entonces te encuentras con los chicos que acaban de hacer su tarea, que acaban de aprovechar esto y acaban de tener una conexión con otro tipo de valores y lo miras, sabes bien que vienen de la biblioteca porque traen sus mochilas, traen sus folletos, a veces traen libros cargando. Es muy bonito ver eso, que vienen de adquirir algo no tangible como el conocimiento, entonces lo llevas a otro lugar.

 

BV: En caso de la biblioteca, que es una institución que tiene miles de años ¿cómo crees que se inserta en esta red de intercambios?

 

-Nayeli: Otra vez seguimos con la palabra intercambio ¿no? Es muy fuerte entrar a la biblioteca y encontrar un lugar donde el intercambio sigue vivo y es por eso que esta biblioteca en particular creció, porque el intercambio es muy fuerte. Por ejemplo, tengo un hijo y usé la bebeteca, el intercambio entre las madres es muy fuerte y no era un intercambio monetario, es un comercio de experiencia, es un comercio de convivencia.

 Tal vez este lugar −y la biblioteca− sigue sobreviviendo y se volvió un punto importante de la ciudad porque hay mucho intercambio, por ejemplo entre las mamás o entre las personas que he visto de la tercera edad.

Es que el comercio lo hemos monetizado y el comercio al principio no es eso: el comercio es intercambio, es el flujo de mis pertenencia tangibles o intangibles que puedes poseer tú, puede poseer alguien más, por eso los profesores intercambian conocimiento. Tal vez este lugar −y la biblioteca− sigue sobreviviendo y se volvió un punto importante de la ciudad porque hay mucho intercambio, por ejemplo entre las mamás o entre las personas que he visto de la tercera edad.

 

El intercambio de sus experiencias es lo que mantiene vivo este lugar que alberga demasiada historia de la ciudad. La Vasconcelos está justamente en el corazón de la ciudad, está al lado de dos colonias súper representativas de la ciudad y es lo que hace que albergue justamente mucha historia; está conectada al Estado de México a través del tren, son muchos factores que hacen que la biblioteca sea como santuario de conocimiento y un santuario de intercambio.

 

-BV: ¿Por ejemplo, qué intercambios percibes entre ustedes, los participantes del taller de márquetin?

 

-Nayeli: Está muy padre porque el intercambio es entre personas muy experimentadas y personas que no sabemos nada de márquetin; de personas que escuchan y que intercambian palabras y eso es valioso, o sea, cada palabra es valiosa; pero también de un guía que te está empezando a decir “acomoda esto” o “entonces qué es lo que necesitas”. Justamente es lo que hace el ser humano, discriminar para avanzar, esto sí, esto no, esto sí, esto no.

 

Entonces el hecho de que sea un taller abierto al público y que pueda venir desde una ama de casa que quiere que su negocio crezca o plantear su idea de negocio, hasta alguien que ha tomado cursos de coaching o que tiene el equipo necesario para hacer un negocio, que tiene presupuesto, eso también es valioso porque pues tú dices “hay una vía por la cual podemos ir” y eso sigue siendo intercambio, intercambio de saber por intercambio de tiempo, y también intercambio de ignorancia.

 

Cuando yo tengo ignorancia de un tema necesito del que sabe, del que tiene conocimiento ¿y yo qué le puedo dar? experiencia, él está ganando experiencia al estar ayudándome en mi ignorancia, porque vamos a salir con otra visión de lo que él me está impartiendo, eso es lo que hace valiosa a las salas de los talleres, a la biblioteca y al personal de la Vasconcelos, que aunque no impartan el curso de marketing son quienes llevan la comunicación de la biblioteca para que se entere quien lo necesita, así me enteré yo y así nos enteramos todos ¿no?

 

 Los participantes socializaron proyectos y experiencias para diseñar estrategias de márketing. BV 2018. 

 

La biblioteca es un lugar emblemático por lo menos para mí y seguramente para quien viene de estudiante ¿por qué? porque son lugares que los haces tu casa. Yo vengo desde hace más o menos 10 años porque vivía en Lindavista, entonces mi universidad era en ese entonces la UNAM y este es el punto medio; cuando yo tenía que hacer una tarea pues venía y me sentaba aquí, cuando no podía quedarme en CU venía para acá.

 

Mi vida como estudiante no termina, se convierte en otra cosa, porque hay otros intereses que no son de la escuela, pero sí los puedo ejercer aquí o puedo consultar aquí la bibliografía. Entonces la universidad termina, pero yo no termino como lectora, visitante o estudiante de mis propios temas.

 

Entonces está esta familiaridad, me siento como que estoy en casa. Mi niño tiene 4 años y no le he sacado la credencial pero, por ejemplo, en la mañana le digo “Oye te dejo en la escuela y voy a ir a la biblioteca” él ya sabe que voy a la biblioteca. Aquí me gusta mucho usar el servicio de cómputo de la biblioteca porque es rápido, cómodo, no tienes que traer la computadora, te puedes quedar sin problema dos horas utilizándola; si no necesitas internet te pueden prestar otra por más tiempo. Aquí he desarrollado relativamente mi vida académica, desde la lectura básica de la tarea hasta escribir la tesis, o sea, ese tipo de cosas.  Ah, también he venido a los talleres de tejido. Entonces es el intercambio del conocimiento. 

 

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